ZAMORA CHINCHIPE RINDE HOMENAJE A LA MADRE TIERRA

Turistas locales y extranjeros participaron de un ritual de armonía con la naturaleza, como un reconocimiento por la vida que nos obsequia

 

Contagiados del amor a la madre tierra, acompañados con el dulce sonido de las aves y acobijados por el poder de la cascada. Sólo de esa manera podemos definir lo que se vivió en el Parque Nacional Podocarpus, donde más de 100 personas realizaron un ritual de agradecimiento por las bondades que nos ofrece la Pachamama.

La temprana hora de concentración, 4 de la mañana, no fue excusa para reunir a decenas de turistas nacionales y extranjeros, a participar de esta fiesta a la madre tierra.

La primera actividad fue realizar una caminata de alrededor de 30 minutos para llegar a la cascada La Poderosa. El sol no resurgía, estaba oculto, y la única luz que alumbraba el camino era el de las linternas. Ya en el lugar, ciudadanos del pueblo Saraguro encabezaron un ritual de agradecimiento y respeto hacia la naturaleza.

“Debemos entregar cariño a la Madre Tierra, porque si cuidamos nuestro hogar nos estamos dando cariño a nosotros mismos”, manifiesta Salvador Quishpe, mentor de esta festividad que hoy cumple su octava edición.

Se encendió la fogata , rodeada de frutas y plantas que entregaron los presentes como homenaje a este ritual de agradecimiento, el único sonido era el golpe del agua con las rocas.

El chamán Baudillo Quishpe inició con el ritual, realizó una pequeña charla motivacional y expuso las razones del porqué debemos rendir homenaje a nuestro único hogar. Entre esas razones dijo, “la madre tierra no es nuestra, es un préstamo de nuestros padres y una herencia de nuestros hijos”.

Seguidamente todos los participantes ingresaron a la embocadura de la cascada, los  turistas aprovecharon para tomarse fotografías, mientras sentían golpes de relajación que nos recordaba el poder de la Pachamama.

Unos meditaban y otros agradecían, cada uno con su propio estilo de homenaje.  El zamorano Bladimir Chamba participó por primera vez de esta actividad espiritual. “Una cultura que nunca la había conocido, los que no vinieron no saben lo que perdieron”, respondía la entrevista mientras tiranteaba.

Un espectáculo sin igual, de naturaleza pura. El único requisito que se solicitaba para participar de esta actividad, es amar la cuna que nos acobija, la Madre Tierra.

 

 

 

 

 

 


Redacción y fotografía:
Hernán Raúl Abad Toro
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